Tavindax ~ Capítulo II: Un visitante inesperado

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Después de 21 intentos infructuosos, los magos encontraron un buen lugar para establecerse. Tavius e Ishindax, al salir del otro lado del portal, se vieron maravillados ante una bella playa. Recorrieron ambos hemisferios y encontraron sólo vida salvaje. No había signos de vida inteligente. Al regresar a Alandor con las noticias, un grupo de magos exploradores fue a echar un vistazo. El planeta era clase Menchara, similar a Alandor, pero completamente virgen. El sistema solar contaba con otros 4 planetas, y por los cálculos que hicieron, este era el cuarto. Contaba con tres satélites, todos de proporciones similares. Un segundo equipo fue enviado a construir la ciudad a la orilla de un inmenso lago del cual nacía un río que desembocaba al mar varias leguas adelante. Al terminar, el dios y el dragón usaron su poder para jalar el portal hacia la plaza central del nuevo refugio y facilitarle a los magos el ingreso. El éxodo tardó dos días. Una vez que el último mago cruzó el portal, el consejo se reunió para discutir qué harían con su vieja ciudad. Después de horas de debate, todos consintieron en que debía desaparecerse. Ellos mismos regresaron a Alandor a desmantelar con su poder la ciudad que durante varios siglos fue su hogar. Fue doloroso, pero era necesario. Tavius y el dragón informaron al dios padre sobre los acontecimientos y pidieron permiso para permanecer con los magos durante un tiempo, mismo que les fue concedido. Al regresar al nuevo mundo, el portal fue cerrado. Sólo quedaron marcas en el suelo tanto de la plaza nueva como del lugar en el que fue abierto en el viejo mundo, mismas que servirían para re-abrir el portal en caso necesario. En la nueva plaza fue erigida una fuente que representaría la esperanza que una nueva vida ofrecía. Lo que quedaba pendiente era darle un nombre a la nueva ciudad y al nuevo mundo. No fue difícil para los magos decidir. De hecho, fue unánime la decisión de nombrar “Tavindax” al mundo, en agradecimiento a los seres divinos que lo habían descubierto, y “Juskethar” a la ciudad, en agradecimiento al dios padre. Los magos decidieron prescindir de los conjuros de extensión de vida y dejar que la naturaleza misma marcara su longevidad. Al hacerlo, pidieron a Tavius que se encargara de la tarea de controlar los ciclos de vida. El dios aceptó lleno de regocijo el trabajo, pues considerando que en Alandor los mortales cesaron de existir, la necesidad de controlar la vida y la muerte natural también se había extinto. El único pequeño problema sería que Tavius tendría que asumir su papel natural integrándose en el ambiente, dejando de convivir en forma directa con los mortales. Con dolor, todos aceptaron. El único al que no le fue necesario “desaparecer” fue al dragón, el cual buscó una montaña no muy retirada de Juskethar para establecer su hogar. Después de todo, un ser de tal importancia debía tener su propio recinto. Con el pasar de los años, los niños se hicieron hombres, los ancianos fueron cediendo su lugar a las nuevas generaciones, la ciudad fue creciendo cada vez más hasta que fue necesario fundar nuevas ciudades. A finales del primer milenio de la ocupación de Tavindax, la población había crecido a poco más de 430,000 habitantes, mismos que se distribuían en 6 ciudades a lo largo del continente que llamaron “Xaterbal”. Todas tenían el mismo código civil, los mismos privilegios y las mismas responsabilidades. Un regidor atendía las necesidades de cada ciudad, pero todos los regidores se atenían a las órdenes del consejo de magos. El conocimiento les pertenecía a todos: no había exclusiones de ningún tipo. Escuelas de magia fueron construidas, unas en las que se impartía el conocimiento básico general y otras que se especializaban en las esferas de la alteración/evocación, la alquimia/hechicería, el ilusionismo o la necromancia. Se definieron épocas con base en el nombre del archimago del consejo. Con cada cambio de ocupante en la silla principal iniciaba la nueva época, misma que duraría hasta que el archimago se retirara o muriera. Justo después de terminar la época de Rúmil, el consejo le cedió a su miembro femenino más joven, Ireth Lúinwë, la silla del Archimago. No cabía duda que Ireth había nacido con un don inigualable, pues a sus 20 años de edad ya había dominado las cuatro esferas de la magia. A los 28 años entró a formar parte del consejo y 5 años después, al morir el entonces líder, ella demostró en la Gran Prueba que su nivel de sabiduría se equiparaba al de Rehgox, primer regidor del consejo de Tavindax. Un visitante inesperado iniciaba con el nuevo milenio, el cuarto desde el arribo de los magos al planeta. Ya el continente de Xaterbal contaba con alrededor de 290 millones de habitantes y Naterbal, el continente vecino comenzado a ocupar un par de milenios atrás, contaba con poco más de los 170 millones. La ciudad de Juskethar fue abandonada cuando Clevidar fue fundada y en ella se erigió la Gran Torre del consejo. En Juskethar se erigió un templo a Jusket en el mismo lugar en el que se encontraba la fuente que cubría la marca del portal. Toda la zona fue declarada santuario. Las construcciones aledañas, con el tiempo, se convirtieron en ruinas. Cierto día, el consejo estaba reunido en la Gran Torre discutiendo sobre la reconstrucción de Juskethar. Ishindax arribó abruptamente. Ireth y los demás miembros, al escuchar el rugido del dragón anunciando su llegada, salieron a recibirlo. Todos estaban extrañados, pues Ishindax sólo hacía acto de presencia en la celebración de ascensión de los archimagos. Al verlo, la extrañeza se convirtió en preocupación. Y es que no era para menos. El mismo rostro del dragón parecía como si hubiese presenciado algo terrible.

— ¿Qué es lo que pasa, señor? –inquirió Ireth a la bestia–

— ¡Algo terrible ha sucedido en Alandor! –respondió el dragón.–

— ¿En Alandor? ¿Pero cómo es eso posible? La única manera de saber qué sucede en ese mundo es yendo por el portal del templo de Juskethar, y nadie lo ha hecho. ¿Estás seguro?

— ¡Claro que lo estoy! Días atrás me encontré con Tavius. Él me pidió que abriera el portal para ir a darle noticias a mi señor Jusket y decirle que demoraríamos más nuestro regreso. Acabo de regresar y traigo terribles noticias que no sólo nos afectan a Tavius y a mí... ¡sino a todos ustedes también!

— ¿A todos nosotros? –preguntó Ireth arqueando una ceja– Se supone que nuestros ancestros dejaron ese mundo para permitir que evolucionara. Nosotros hemos estado aislados de los sucesos de Alandor durante más de cuatro mil años. Honestamente, dudo mucho que los sucesos actuales del antiguo hogar de nuestra especie nos afecten, a menos que...

Ireth guardó silencio por un instante y se llevó una mano a la boca. Sus ojos se abrieron en una expresión de terror. Las caras de los demás magos, al comprender lo asumido por su líder, se alargaron tristemente. El dragón no pudo evitar que de sus ojos se desprendieron lágrimas de oro líquido que cayeron en el suelo.

— Efectivamente, –añadió el dragón– así ha sido. Los dioses de Alandor han desaparecido. Mi padre, mi madre, mis hermanos, todos se han desvanecido. No queda nada de ellos.

Ireth, invadida por la ternura que le puede causar a cualquier ser que se precie de tener corazón el ver a una enorme bestia llorar, se acercó hacia su cabeza y lo abrazó por el cuello. Los demás magos se acercaron y se arrodillaron ante Ishindax, mostrándole respetuosamente sus condolencias.

— No tengo palabras para describir el dolor que siento al verte sufrir, amado Ishindax, –sollozó Ireth– pero recuerda que en esta tierra, todos y cada uno de nosotros, te adoramos. Eres tan importante para nosotros como nuestras propias vidas.

Una ráfaga de aire sopló directamente sobre ellos. Dentro de ella sonó una voz calmada, misma que retumbó hasta el más recóndito rincón del corazón de Ishindax.

— También eres importante para mí.

Tavius se materializó entre el séquito de magos y el dragón. Su cara estaba empapada de tristeza.

— He escuchado lo que has dicho. Necesito que me digas qué es lo que has visto.

Ireth dio un beso al dragón y haciendo una reverencia al dios que ninguna de las generaciones recientes de Tavindax había visto en persona, se acercó a él.

— Mi señor, creo que sería prudente si entrásemos a la torre y hablásemos al respecto ahí –invitó.–

— Cierto, Ireth. Después de ti.

Los magos se incorporaron e hicieron dos filas a los costados de la entrada a la torre. Ireth, seguida del dios, entró. El dragón emprendió el vuelo hacia la punta de la torre mientras los doce consejeros entraban detrás de Tavius. Cuando todos ascendieron por las escaleras hacia el salón principal, Ishindax ya estaba esperándolos. Al verlos sentarse en la mesa de discusiones, comenzó a explicar.

— Al arribar del otro lado del portal, tuve que abrirme paso entre una montaña de huesos. Reviví a uno de los cuerpos y por medio de él me enteré de que un ser arribó de otro mundo dos siglos atrás.

Este ser, en poco tiempo, infectó con su maldad a los habitantes de Widsla. Estos hicieron la guerra a los demás, haciendo de sus aliados a aquellos pueblos a los que conquistaban.

Cuando ya no quedaba más por conquistar, este ser creó un ejército que comenzó a hacer una cacería de creyentes en los dioses, matando a todos aquellos que se resistían a rendirle culto a “Göck”, “el nuevo dios”.

— ¿Pero cómo fue que ni mi padre ni mis hermanos lo detuvieron? –preguntó Tavius en tono de desesperación– ¿De dónde vino este ser? ¿Qué tan poderoso es? ¿Cómo pudo llegar a Alandor sin ser detectado? ¿Qué hacían todos los cuerpos ahí?

— Tranquilo, Tavius, con calma. Verás:

Al este ser llamado “Göck” arribar a Widsla, tomó el cuerpo de un caballero y con el simplemente tocar a alguien lograba controlar su voluntad. Cuando logró armar un ejército en forma clandestina, tomó por la fuerza el castillo y mató al rey Jübdamar, poseedor de la corona. Todos los reinos vecinos, al enterarse, armaron ejércitos para llegar a recuperar Widsla. Lejos de tener éxito, lo único que lograron fue que muchos de los caballeros fueran asesinados y otros convertidos.

Damick descendió a la tierra, pues estaba creándose una guerra sin su autorización y según me contó un viejo maestro, Göck lo absorbió en su cuerpo.

La palabra “absorbió” dejó a todos con un signo de interrogación pintado en la cara.

— ¿Absorbió? –preguntó Ireth– ¿Cómo puede ser un dios absorbido?

— Eso lo ignoro... –respondió el dragón– Pero así fue que me lo dijo este cuerpo inerte.

— ¿Y mi padre? –inquirió Tavius–

— Me temo que todos fueron consumidos por este ser, –respondió Ishindax con la tristeza inundando su alma– uno a uno.

Nuestro padre convocó a todos sus hijos a apoyar a las tropas que formaron los reinos. Damik dirigió a las legiones formadas de los reinos de occidente, Blusma dirigió a las de los reinos del sur, Zhak a las de los reinos de oriente. Todos fueron derrotados. Cientos de miles murieron y otros tantos fueron convertidos.

Cuando todos los reinos fueron tomados y Damik, Blusma y Zhak fueron absorbidos por Göck, este obtuvo el poder suficiente para ir a conquistar El Recinto. Al llegar, su poder era tal que ni Vija ni Roquad pudieron detenerlo. Sólo le dieron más poder para avanzar hacia nuestro padre, quien fue el último en ser absorbido.

— ¿Y Miccus? –preguntó Tavius con la voz quebrada por el dolor.–

— Fue esclavizado por Göck... –suspiró el dragón– Sigue vivo.

— Hay una pregunta que creo que vale la pena hacer... –irrumpió Ireth– ¿Qué se hizo de Bakk, Medor, Damag y Parseht, los antiguos dioses del mal?

— Eso nadie me lo supo decir. –manifestó Ishindax– Tuve que averiguarlo por mí mismo y descubrí el resto de la verdad.

Me desintegré en el viento buscando a Miccus, evitando ser detectado. Cuando lo encontré estaba cautivo en la antigua torre del consejo, encadenado con cadenas hechas de un metal que jamás había visto. Él me dijo que Göck le había concedido la vida a cambio de alimentarlo adecuadamente, pues su necesidad por consumir altas cantidades de energía sólo podía ser saciada por un dios... o el cocinero de este.

Miccus tuvo que convertir planetas y lunas enteros a fin de mantener alimentado a este ser. Cada año un planeta desaparece con el fin de convertirse en platillo en manos del cocinero.

Miccus mismo me comentó que varios inmortales habían intentado matar a Göck en los últimos días de cada año, justo antes de que se alimente. Según Miccus, la carne de Göck se va deteriorando con el pasar de los meses, hasta que termina convertido en un esqueleto andante. Cuando se alimenta, su carne se regenera y el ciclo comienza de nuevo.

— Entonces se debilita... –enmarcó Tavius– Eso significa que puede morir.

— No sabría decírtelo. –enfatizó Ishindax– No me le enfrenté. Miccus me dijo que en una ocasión él lo intentó, pero obviamente falló. Si los demás dioses fueron absorbidos por él después de haberlo enfrentado y hasta el mismo dios padre fue consumido, dudo mucho que haya poder en el universo que lo pueda derrotar.

Pero claro que tengo respuesta a tu pregunta, Ireth... –señaló el dragón volteando a ver a la archimaga, quien pensó preguntar de nuevo respecto a los dioses del mal.–

Al parecer, este ser fue creado por los habitantes del mundo al que llegaron Bakk, Medor, Damag y Parseht. Miccus me dijo que el mismo Göck le confesó en una ocasión que después de siglos durante los cuales los habitantes de “Blipxdignam” vivieron matándose entre sí, todos se percataron de que eran fuerzas exteriores que jamás habían conocido las que los motivaban. Entre un grupo de individuos detectaron la presencia de los dioses y en secreto crearon a un ser que necesitaría devorarlos para vivir. Una vez liberado, Göck los encontró y los consumió. Desdichadamente para él, su cuerpo se comenzó a degradar con el tiempo, viéndose obligado a devorar el mundo en el que fue creado.

Al quedarse solo y usando el conocimiento que adquirió de los dioses del mal sobre Alandor, viajó hacia allá para consumir al resto de los dioses.

Los ojos de los magos salieron de sus órbitas.

— ¡Entonces debe estar enterado sobre Tavindax! –exclamó Ireth.–

— Así es –expresó Ishindax.– Pero no ha venido hacia acá pues no le interesan los mortales. Sabe que Tavius y yo estamos aquí, pero no nos ha buscado pues no sabe cómo llegar hacia acá.

Todos dieron un suspiro de alivio al oír lo dicho por el dragón.

— ¡Menos mal que nuestros ancestros se trajeron consigo el conocimiento de los planos! –cantó Ireth en un tono victorioso– Si se hubiese quedado allá, Göck ya nos habría encontrado...

— Efectivamente, joven archimaga, –marcó Ishindax.– Göck no sabe cómo llegar hacia acá. Nadie de Alandor sabía hacia dónde nos dirigimos. Ni nuestro mismo padre lo supo. Tampoco se lo dije a Miccus. Si este ser se llegase a enterar de que visité Alandor, no sabrá de dónde llegué ni hacia dónde me fui por un sencillo motivo:

— ¡No conoce el cántico que se debe hacer en la ubicación de la marca del portal! –celebró Ireth antes de que el dragón terminara.–

— ¡Así es! –festejó el dragón guiñándole un ojo a la archimaga.–

Tavius palideció.

— Ishindax... ¿Tocaste a Miccus?

El semblante del dragón cambió drásticamente.

— No, pero él me abrazó... ¡POR TODOS LOS CIELOS! ¡SOY UN IDIOTA!

El dragón emitió un rugido tan lleno de furia que la misma torre se cimbró. Ireth y los magos se voltearon a verse unos a otros con un gran signo de interrogación flotando sobre sus cabezas. Tavius se acercó a tranquilizar a la bestia.

— No te culpes, hermano... todos cometemos errores.

— ¡No tengo perdón! –gritó el dragón– ¡Soy un verdadero estúpido! ¡CÓMO ES QUE SE ME FUE ESE GRAVE DETALLE!

— Perdón, –interrumpió Ireth– pero... Según el Tomo de los Planos, no hay repercusiones de ningún tipo por el contacto físico con los habitantes de ningún plano.

— No si son dioses. –aclaró funestamente Tavius– Cuando hay contacto físico con deidades de otros planos, los niveles vibracionales se mezclan. Al mezclarse, es posible determinar hacia qué dimensión dirigirse.

Por eso fui yo quien buscó un Alandor paralelo habitable para los magos, y por ello fue que hubo 21 intentos infructuosos. Algunos de los mundos que visité estaban en plena creación, otros en plena destrucción, otros llenos de peligro y otros controlados por dioses. Cuando encontré este fue que mi búsqueda terminó, pues al no haber dioses en él, el peligro de la contaminación planar se hizo nulo.

Ahora, considerando que Göck ha absorbido a casi toda la familia divina, es muy posible que no le cueste más que unos meses el descubrir nuestra ubicación.

Ireth se levantó de su silla.

— Pues bien, tenemos tres opciones. La primera es regresar a Alandor a combatir a Göck, misma que creo podemos descartar.

La segunda es buscar otro plano u otro mundo dentro de este mismo para mudarnos.

La tercera es prepararnos para defender Tavindax en caso de que Göck intente invadir.

¿Opiniones?

— La segunda pueden descartarla. –notificó Tavius– No es posible abrir un portal hacia otro plano desde aquí. Si se abre, tendrá que ser desde Alandor.

— ¿Porqué? –interrogó agresivamente Ireth.–

— Por un motivo muy sencillo: todos los “mapas” están basados en el universo de Alandor. Todos los pergaminos que se hicieron para buscar universos paralelos sólo se pueden usar desde allá. Para poder viajar desde aquí hacia cualquier otro plano sería necesario estudiar más a fondo este universo, qué energías lo componen, los niveles de las vibraciones y la afección que tienen las estrellas en estos... tardaríamos alrededor de trescientos años en crear un tomo de planos hacia los cuales pudiéramos movernos.

— ¿Y si sellamos el acceso al portal? –cuestionó Ireth.–

— Nos sería contraproducente, pues alguien de nosotros tendría que quedarse de aquél lado –respondió Tavius.–

— Y si ese alguien fuese descubierto por Göck, por medio de su nivel vibracional podría incluso encontrarnos más rápido –agregó Ireth.–

— A menos que ese mago casteara sobre sí mismo un hechizo de desintegración –dijo uno de los miembros del consejo cuya túnica era negra, rompiendo el silencio que caracterizaba las discusiones entre el archimago del consejo y el dios.– Perdón por intervenir, yo sé que no debo meter mi nariz en lo que discuten archimago y dios, pero mi opción podría ser la solución a nuestro problema.

— Disculpa aceptada, buen Creub, tu comentario es apreciado. –agradeció Ireth.–

— No creo que sea conveniente –irrumpió Ishindax.– Aunque el necromancer se desintegrara, sus partículas quedarían regadas en el ambiente. Sería necesario que antes de deshacer el sello y sacrificarse a sí mismo permaneciera por lo menos mil años en Alandor para que sus átomos se reajustaran... obviamente, el permanecer vivo de aquél lado sería como un imán para Göck.

El silencio reinó durante unos cuantos segundos. El dragón se levantó y sosteniéndose con sus patas traseras, elevó sus brazos al cielo, extendió sus alas, levantó su cabeza, cerró sus ojos, jaló una gran bocanada de aire, dio un largo suspiro que salió de sus vías respiratorias acompañado por una inmensa flama y con la nariz y hocico humeantes, miró hacia abajo.

— Deberemos prepararnos para pelear –puntualizó.– Tenemos una ventaja:  todos aquí contamos con algo que Göck desconoce.

— ¡La magia! –exclamó Ireth–

— ¡Efectivamente! Tavius y yo tendremos que tomar algunas medidas, ¿no es así mi querido hermano?

Tavius, volteando hacia arriba, miró al dragón con un signo de interrogación pintado en la cara. El dragón le cerró un ojo y pegó un brinco. Flotando por encima de la torre, invitó a Tavius a acompañarle. El dios entendió perfectamente a lo que el dragón se refería. Volteando a ver a los magos, se despidió dando una última instrucción.

— Todos ustedes tendrán que reunirse con su gente y comentarle al respecto. Deberán entrenar a los aprendices rápidamente. Nosotros nos ausentaremos por unos meses y llegaremos en el momento adecuado.

— Así lo haremos, señor –contestó Ireth con una reverencia, misma que los magos imitaron.–

Tavius se elevó del suelo y se sentó en el lomo del dragón.

— Nosotros vigilaremos el templo de Jusket. En cuanto notemos alguna anomalía, se las haremos saber –gritó Tavius desde el lomo de Ishindax.–

El dragón lanzó una última mirada de aliento a los magos y se perdió en la distancia. Durante los tres meses siguientes, la actividad en todos los países de Xaterbal y Naterbal se intensificó. Carruajes iban y venían de ciudad a ciudad e inmensos navíos surcaban sobre las aguas y el cielo que separaban ambos continentes cargando aprendices, expertos, equipo y bestias. Inmensos centros de entrenamiento fueron creados. Campos completos fueron convertidos en centros de pruebas. La ciudad de Bretah se convirtió en una inmensa zona industrial, en donde los metales y el cuero eran convertidos en armaduras, mismas que eran llevadas a la ciudad de Fêanar para que la protección que proveerían fuera intensificada con la necromancia y la hechicería. Con dolor, el consejo solicitó a todos los habitantes de Tavindax que donaran los cuerpos sepultados de sus seres queridos para crear un ejército. Con dolor, nadie se negó. Un inmenso grupo de necromancers seguido por miles y miles de féretros cargados en carretas jaladas por bestias de tiro se vio obligado irse a las regiones oscuras de Yovia para llevar a cabo los rituales de levantamiento de los muertos y darles la protección mágica necesaria para resistir, así como las armas con las que atacarían. En el último reporte entregado al Gran Consejo por el Consejo de Guerra, el conteo de almas vivas y muertas fue el siguiente:

  • 497,996 alteradores de alto nivel y 129,301 de nivel medio. Edades: 30-39: 61% | 41-50: 38% | 51-60: 1% Sexos: 46% hombres, 54% mujeres.

  • 522,784 ilusionistas de alto nivel y 201,338 de nivel medio. Edades: 30-39: 35% | 41-50: 37% | 51-60: 28% Sexos: 68% hombres, 32% mujeres.

  • 355,664 hechiceros de alto nivel y 142,032 de nivel medio. Edades: 30-39: 19% | 41-50: 38% | 51-60: 43% Sexos: 83% hombres, 17% mujeres.

  • 230,112 necromancers acompañados de la misma cantidad de escuadrones de esqueletos, mismos que estaban conformados por un jefe de escuadrón (alto rango) y cuatro soldados de rango medio, dando un total de 1,150,560 esqueletos. Edades: 30-39: 7% | 41-50: 21% | 51-60: 72% Sexos: 91% hombres, 9% mujeres

  • 849,346 clérigos de Tavius de alto rango. Edades: 30-39: 54% | 41-50: 17% | 51-60: 29% Sexos: 51% hombres, 49% mujeres.

  • En total, se contaba con 4,049,133 efectivos distribuidos en 8 legiones.

En cuanto a las bestias domesticadas para aire y tierra, se contaba con:

  • 426,728 Yonocs de dos patas.

  • 290,626 Devos voladores de tamaño regular.

  • 114,385 Devos voladores mayores.

  • 62,412 Blutos gigantes.

Como medida precautoria adicional, las ciudades cercanas a las ruinas de Juskethar comenzaron a ser evacuadas. Más de 5 millones de almas comenzaron el éxodo de Nevia, Grepa y Wäqui hacia norte, sur y oeste. Una vez desalojadas las ciudades, todas las tropas de Tavindax se concentraron en puntos estratégicos a la redonda de Juskethar, formando un círculo a un día de distancia de las ruinas. Al final del octavo mes, lo inevitable sucedió. Un diyyequ llegó corriendo a la Gran Torre. Al verlo, los guardias supieron que era enviado de Tavius, pues a los diyyequs no les crece un cuerno largo con luz propia en la frente y su pelaje es pardo... no blanco. Al ser llevado frente a Ireth, el diyyequ habló con una voz profunda y parecida a la de Tavius.

— El portal ha sido abierto esta mañana. Un jinete salió a reconocer el terreno y minutos después volvió a entrar. Poco a poco fueron saliendo más. Considerando la cantidad que salen y la cantidad de horas que han transcurrido, es posible que para esta noche haya una legión entera.

La consternación cayó sobre los hombros de Ireth y los miembros del consejo.

— ¿Viste cómo venían armados? –preguntó a la criatura.–

— Si... ¡vienen armados hasta los dientes! Pero su armamento es “estándar”... espadas, hachas, arcos, etcétera... no detecté ningún poder especial en ellas. Sus armaduras se ven muy resistentes, pero no sentí en ellas resistencia a la magia.

Todos emitieron un suspiro que les quitó un peso de encima.

— Gracias, Tavius. Por favor mantennos informados al respecto. Esperaremos a que ellos tomen la iniciativa. Hacia donde quiera que se muevan se toparán con nuestras fuerzas y entre todos los encerraremos.

El animal se encaminó hacia la salida del salón. Al llegar al umbral, volteó a verlos a todos.

— Sean precavidos. Si bien el ejército que ha salido hasta el momento no usa magia, no sabemos qué tipo de aberraciones venga más adelante.

Dicho lo anterior, salió del precinto.

Documento originalmente publicado en whitepuma.net en jul 4, 2003.

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